lunes, 15 de junio de 2020

Representades: así nos ven, así nos vemos



Hoy comenzamos las actividades programadas para este Orgullo 2020 y lo hacemos con una charla sobre la representación del colectivo LGTBI+ en la ficción. 
Es innegable que el cine, la televisión y la literatura moldean nuestra visión del mundo. Viendo películas o series y leyendo libros aprendemos y adquirimos de manera inconsciente una serie de patrones y estereotipos que reflejan la cultura en la que nos criamos. Hemos aprendido que el amor romántico es ese de las películas, el del "chico conoce a chica, se enamoran, se casan y viven felices para siempre" al que debemos aspirar como seres humanos. Pero luego la realidad nos demuestra que no es así y que lo que sucede en ficción no se cumple.
Las personas LGTBI+ nos hemos visto obligadas a aprender en una sociedad cisheteropatriarcal cuya cultura literaria y audiovisual no nos ofrecía referentes en los que vernos reflejades. 
Por suerte, el número de estos referentes aumenta cada año y lejos quedaron los años de la censura franquista en España o del código Hays en Estados Unidos, que impedían la aparición de cualquier personaje LGTBI+ tanto en la pequeña como en la gran pantalla (aunque a día de hoy sigue habiendo países que no cuentan con la misma suerte). No obstante, los directores y guionistas de cine tenían sus trucos para evitar que sus filmes se vieran sometidos a la tijera de la dictadura y la moral de la época, aunque siempre a costa de mostrar a los personajes gays (el resto de letras del colectivo ni se consideraba una realidad) como el objeto de burla, escarnio y el que debía ser castigado por la providencia por su pecado.





La Transición en España consiguió abrir el panorama un poco más, incluyendo a lesbianas y mujeres trans en las películas del destape. Sin embargo, estas representaciones seguían teniendo una connotación exótica, de fantasía sexual y llena de estereotipos. Y seguían estando impregnadas de un dramatismo que continúa incluso en la actualidad. ¿Cuántas películas dramáticas con personajes protagonistas LGTBI+ se os ocurren? ¿Cuántas comedias o comedias románticas? Parece que solo se valoran nuestras historias artísticamente si sufrimos en ellas.





Al menos nos queda el mundo de la televisión, donde la diversidad, tanto de siglas, como de géneros y tonos narrativos, supera con creces a la del mundo del celuloide. Pero ni siquiera en la pequeña pantalla lo tenemos todo asegurado; siguen muriendo desproporcionadamente personajes LGTBI+, siguen usando las relaciones homosexuales como reclamo publicitario y, aunque tengamos representación en muchas series, no siempre es tan equitativa como pueda parecer. 
En cuanto a la literatura, su camino ha sido similar al del cine y la televisión: sufrimos la censura de obras en las que se incluía algún personaje LGTBI+, algunos autores incluso tuvieron que exiliarse durante la dictadura franquista y no olvidemos a los que mataron (nunca, nunca olvidemos a Lorca). 




Pero poco a poco, conforme España se abría al mundo, fueron surgiendo nuevos títulos y, gracias a la apertura de la Librería Berkana en Madrid y la Librería Cómplices en Barcelona en 1993, la literatura dirigida al público LGTBI+ ha conseguido hacerse el hueco que tiene ahora. Un hueco que las editoriales tradicionales y los grandes sellos literarios han tardado mucho en ceder y que aún no han dejado ocupar del todo. Un hueco que se ha visto mucho más conquistado gracias a las voces que optan por vías de publicación independientes o, directamente, la autopublicación.
Porque cuanto más independiente es el canal de transmisión (tanto en televisión, cine o literatura), mayor libertad adquieren nuestras historias y, aunque bonito, es algo que debemos seguir reivindicando: que nuestras voces también lleguen a las grandes productoras y grandes editoriales, que no solo seamos historias para ojos y oídos del público LGTBI+, sino que todo el mundo conozca nuestra realidad por medio de la cultura.


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Recordad que, además de esta charla, tenemos todas estas actividades para el Orgullo 2020:


jueves, 11 de junio de 2020

Orgullo 2020


Ya estamos en el Mes del Orgullo y, aunque las circunstancias actuales no nos permiten celebrar este mes como otros años, no queremos dejar de traeros algunas actividades para seguir reivindicando nuestro lugar en el mundo. 
Os presentamos el cartel de este 2020, hecho por Cristina, una de nuestras compañeras de Cafés Feministas, y a continuación os contamos cuáles van a ser las actividades que realizaremos este junio. Queremos recordaros también que para las actividades presenciales, se requerirá inscripción previa mediante formulario hasta completar el aforo (20 personas) y el uso de mascarilla es obligatorio. Disponemos, además, de gel hidroalcohólico. 

Nuestras actividades:

  • Lunes 15: Charla 'Representades: así nos ven, así nos vemos - Representación del colectivo LGTBI+ en la ficción' a las 20:00 en La Resistencia. Podéis inscribiros rellenando este formulario.
  • Domingo 21: Cinefórum - Sesión de cortometrajes LGTBI+ a las 20:00 en La Resistencia. Formulario próximamente.
  • Jueves 25: Entrevista online 'Vivir siendo activista LGTBI+' a las 20:00 desde el Facebook de La Resistencia. 
  • Viernes 26: Encuentro LGTBI+ 'Aprendiendo la historia y lucha del colectivo' a las 19:00 en La Resistencia. Formulario próximamente
  • Sábado 27: 'Encuentros con músicos - Un acercamiento a Lumaga' a las 20:00 en La Resistencia. Formulario próximamente
  • Domingo 28: Concentración - El Orgullo sigue. A las 20:00 en la Plaza de las Velas.



¡Os esperamos! ¡Feliz y combativo Orgullo LGTBI+!

lunes, 25 de mayo de 2020

Lugares donde encontrarnos




Hubo una época en la que ser friki era motivo de burlas y escarnio, algo similar a lo que sucede todavía con el colectivo LGTBI+. Ser parte de la otredad, de lo ajeno, de lo incomprensible es algo que nos suena demasiado, ¿verdad? Sin embargo, muches de nosotres nos hemos encontrado en esos lugares ocultos y apartados de lo considerado ‘normal’ o mainstream, como si de una sociedad secreta se tratase.

Es precisamente en lo friki, lo poco popular y comercial de la cultura y de las artes donde hemos hallado no solo un refugio al que acudir para evadirnos de nuestra realidad, sino un espejo en el que vernos reflejades, donde disfrutar de narrativas que sí nos representaban. Por supuesto, son las obras que hace años se consideraban raras y de frikis las que nos han dado nuestras primeras Willows y Taras o nuestros primeros Zabuza y Haku; en definitiva, nuestras primeras voces en el mundo audiovisual.

Es también en este ámbito donde muches de nosotres hemos forjado amistades y lazos con otras personas que no solo comparten nuestra afición, sino además nuestra pertenencia al colectivo LGTBI+. Es en lo friki donde nos hemos dado cuenta de la importancia de la representación positiva, donde hemos obtenido el valor para salir de nuestros armarios, donde hemos dicho basta cuando en la ficción nos trataban como a personajes sin importancia de los que deshacerse con una muerte trágica e innecesaria.

Hoy es el Día del Orgullo Friki, un día en el que también celebramos no pertenecer a esa normalidad que nos encorseta y no nos otorga esa libertad tan ansiada. Celebramos que en nuestras diferencias está nuestra riqueza y que lo que una vez fue un refugio secreto para muches, hoy es motivo de honra, igual que cada día llevamos con más y más orgullo nuestra bandera arcoíris y nuestras siglas.

domingo, 17 de mayo de 2020

Vivir siendo LGTBI+



Son muchas las personas que se extrañan cuando digo abiertamente que soy bisexual, porque dicen que parezco lesbiana. La verdad que no entiendo muy bien lo de ligar la expresión de género con la orientación sexual. Desde que tengo conciencia he tenido que escuchar comentarios como “las personas bisexuales son unas viciosas”, “les gusta to’”, “no saben lo que quieren, están confundidxs”... Y yo, ahora, me pregunto: ¿qué hay de extraño en que me gusten las personas?

Desde pequeña he recibido comentarios como “marimacho”, “no te cortes tanto el pelo”, “¿y por qué no te pones un vestido?“, “pareces un chico”, bueno, sería imposible enumerar las veces que me han confundido con un chico, que, por cierto, muchos años llevé esa mochila de no sentirme visible siendo quien yo era.
También he transitado por las preguntas navideñas de ¿y los novios cómo los llevas? y debido a la invisibilización de mi orientación sexual, que aunque la sabían, nunca jamás me han preguntado acerca de ella, al revés, han intentado obviar ese tema por la incomodidad que les suponía. Incómodo es no poder expresarme libremente.

Al “parecer” lesbiana, he sufrido toda mi vida la discriminación y rechazo, explícita e implícita, por pertenecer al colectivo. De manera explícita, por las largas y castigadoras miradas de la gente, en la mayoría de lugares, simplemente porque mi expresión de género sobrepasa los límites de la heteronormatividad. Por darme un abrazo con una amiga, y tener que escuchar a gritos “¡¡¡¡¡¡lesbianas de mierda!!!!!!”. Por escuchar desde bien pequeña frases, hacia padres y madres de personas del colectivo, como “si te ha salido así que le vas a hacer, nadie quiere, pero es lo que toca”. Por no hacer todavía 50 años desde que la homosexualidad era considerada una enfermedad mental. 

Y de manera implícita, por todas las personas a las que le gustaría que fuese de otra forma diferente a la que soy. Por el miedo a ir por la calle con mi novia o con amigas del colectivo LGTBI+, incluso sin darnos muestras de cariño, simplemente por existir. Miedo a que nos agredan física o verbalmente. Miedo al rechazo, a que los padres y madres de mis amigxs no me traten igual por conocer mi orientación sexual. A que no me contraten en un trabajo por este mismo motivo. Miedo a que me aparten. Unos miedos que tienen sentido por haber vivido, a lo largo de mi vida, la discriminación debido a mi orientación sexual, y que han ido asentándose en mi, día tras día, en mi autoestima, en mi autoconcepto,  en mi autoconfianza, y, como cabe esperar, no de manera positiva.
Bajo mi punto de vista,  está totalmente invisibilizada la discriminación que sufrimos las personas del colectivo, simplemente por el hecho de pertenecer a él. Además, no creo que haya conciencia sobre la gravedad del daño que produce la discriminación y el rechazo en nuestra salud mental.

Y aunque muchas personas siguen haciendo comentarios como “si ya habéis conseguido todo, no sé de qué os quejáis”, yo hago un llamamiento desde aquí a seguir luchando por los derechos y la igualdad del colectivo LGTBI+. Por que se tomen medidas, desde los altos cargos, para erradicar la violencia, en todos sus tipos y que visibilice la realidad de la discriminación que, queramos o no, tenemos que tolerar.
Por último, me gustaría agradecer a las personas que luchan cada día visibilizando la diversidad de las personas  y que con su existencia hacen que otras personas nos sintamos comprendidas, apoyadas y con más fuerza para seguir en esta lucha diaria.

viernes, 1 de mayo de 2020

La lucha obrera de la mano del colectivo LGTBI+



Cada 1º de mayo trabajadores de todo el mundo salen a las calles para reivindicar sus derechos y exigir mejoras, tal y como hicieron los mártires de Chicago

Desde Almería con Orgullo, queremos manifestar que las personas LGTBI+ no sólo nos unimos a cada una de las peticiones que se puedan lanzar en pos de una mejora para cada una de las personas trabajadoras, también nos vemos en la obligación de exigir protección para nuestro colectivo. 

Parece olvidarse que el colectivo LGTBI+ lo conforman personas cuyas situaciones las hacen más vulnerables que al resto. Por todo esto, la tasa de paro y precariedad son de las más altas en comparación con otros grupos sociales. Nuestra realidad nos provoca el no encontrar empleo debido al rechazo, miedo, y estigmatización a la que nos vemos sumergides.

Desde Almería con Orgullo queremos alzar las voces para pedir igualdad de oportunidades, protección legal, y por supuesto que España deje de ser uno de los países europeos con más accidentes laborales, contratos más precarios, y salarios más bajos. 

Unámonos como hicieron en el pasado, juntes conseguiremos lo que queramos.



domingo, 26 de abril de 2020

Día de la Visibilidad Lésbica



Hoy hace doce años que se empezó a celebrar en España (y después en todo el mundo) el Día de la Visibilidad Lésbica. Que la invisibilidad de las mujeres lesbianas es algo que llevamos arrastrando históricamente es un hecho innegable. No es extraño encontrarse documentos y relatos históricos en los que a una pareja de dos mujeres se las ha tratado como «amigas» o «compañeras de piso» en un intento —deliberado o no— de negar nuestra realidad y nuestra existencia. El hecho de que nuestra orientación ni siquiera se considere una posibilidad nos ha protegido, por decirlo de algún modo, de la LGTBIfobia más dura y violenta de la que sí han sido víctima la mayoría de hombres gays a lo largo de los siglos. Pero también ha impedido que se nos reconozca como personas completas, libres y fuera del sistema patriarcal en el que el hombre cishetero es el centro.
La lucha por la visibilidad abarca muchos ámbitos y es ardua, pues la base de nuestra opresión es ese sistema heteropatriarcal que no reconoce nuestra sexualidad porque no involucra a un hombre.
La importancia de ser visible estriba en la comprensión de nuestras realidades, tan variadas y diversas como variados y diversos son los seres humanos. Ser visibles implica romper esos estereotipos y mitos que han acompañado a nuestra orientación sexual durante tanto tiempo.
Mitos como que las lesbianas siempre llevamos el pelo corto, tenemos un aspecto descuidado, no nos maquillamos o no llevamos vestidos, como si quisiéramos «parecer hombres» para atraer a otras mujeres. Esto también lleva a mucha gente a pensar que «una hace de chico y otra de chica», sin sopesar la posibilidad de que cada mujer lesbiana es diferente (desde las butch hasta las femme) y el común denominador es que no deseamos la presencia de hombres en nuestras relaciones. Eso no implica que los odiemos, otro mito que parece haberse extendido; simplemente no nos sentimos atraídas hacia ellos.



Lo que sí nos molesta es que muchos piensen que estamos confusas o hemos tenido malas experiencias, vaya, que «no hemos probado un buen hombre». Falso. La gente heterosexual no lo es porque hayan tenido malas experiencias con gente del mismo género; esto es igual, si a una mujer lesbiana no le gusta un hombre es porque, eso, le gustan las mujeres. Tampoco es una etapa, ni nos gustan todas las mujeres (¿acaso a las mujeres heterosexuales les gustan todos los hombres?), ni intentamos convertirlas.
Otros mitos que parecen estar muy arraigados en la sociedad son el de que solo por el hecho de que nos gustan las mujeres, no queremos ser madres, o que nuestras relaciones duran más porque tenemos menos problemas y discusiones. Por desgracia, dentro de las relaciones lésbicas también existe la violencia en la pareja, conocida como violencia intragénero. Muchas veces se idealiza la relación entre dos mujeres diciendo que somos más comprensivas, que nos entendemos mejor, que no somos violentas… Mitos que hacen que se invisibilice esta realidad. Dentro de una relación, indistintamente de las identidades de género de las personas que la forman, pueden producirse diferentes violencias que pueden convertir la vida de una de ellas en un auténtico infierno. Estas violencias pueden darse de diversas maneras y formas: agresiones tanto físicas como verbales, utilizar el chantaje o la culpa para dominar a la otra persona, humillarla, aislarla de su entorno, controlarla en todo momento, etc.
Para ser conscientes de estas situaciones de maltrato, queremos incluir el relato de una compañera que nos ha dado su permiso para compartir su experiencia:

«Conocemos a una chica por una red social y al principio todo es idílico: esos primeros mensajes que se intercambian y nos hacen sonreír, las primeras citas, esos primeros besos robados. Cuando pasa un tiempo te dice que tiene una enfermedad que le impide llevar una vida normal y te das cuenta de que requiere más de tu tiempo por lo que decides dejar de lado a tus amistades e incluso el trabajo para poder cuidar a esa persona tan maravillosa. Poco a poco descubres que controla tus redes sociales, mira las fotos que subes y con quién, qué personas les dan “me gusta” e incluso empieza a coger tu móvil para controlar WhatsApp. Comienzas a darte cuenta de que estos comportamientos no son normales, pero tú la quieres y sigues aguantando. Al tiempo, también tiene celos de tu familia y vas dándote cuenta de que la situación es realmente insostenible y decides dejarla. En ese momento empiezan las amenazas y el acoso. Va a tu trabajo, a tu casa, hace pintadas, amenaza con suicidarse. Decides hablar con ella y decirle que podéis ser amigas pero solo eso. No obstante, el ciclo no se cierra. Sigue acosándote y tratando de hacer ver que tú eres la mala de la situación. Por fin, un día ves la luz al final del túnel y te das cuenta de que esta situación solo terminará el día que decidas cortar cualquier tipo de relación con ella. Al final lo haces y poco a poco vuelves a ser tú, vuelves con tus amistades y, lo más importante, vuelves a ser dueña de tu vida.»

Como podéis ver, no todo es perfecto para nosotras y, al igual que en las parejas heterosexuales, hay una gran diversidad de relaciones y dinámicas como para generalizar con estereotipos.
Queda claro que mitos hay muchos y algunos están relacionados con el sexo entre mujeres, ese gran desconocido. Aunque muchos de estos los abordaremos con la sexóloga Amanda Ortiz Gabaldón a las 19h en el directo en nuestro Instagram, es importante destacar el papel que el sexo entre mujeres ha tenido y sigue teniendo en la percepción que la sociedad tiene de nosotras.
¿Alguna vez habéis puesto «lesbiana» en Google? ¿Qué os ha salido? Desde agosto de 2019, al escribir la palabra «lesbiana» en el buscador no sale porno en los primeros resultados. Un gran logro, pues hasta la fecha el gigante aún asociaba nuestra orientación con una categoría pornográfica, cosa que, a pesar de este avance, sigue afectando a las políticas de publicidad de Google y a portales como Hay una lesbiana en mi sopa, que ha tenido ya muchos problemas por esta asociación lesbiana-pornografía.  
Esta es solo la punta del iceberg. Aún seguimos sufriendo cosificación debido a la construcción de un ideal heteropatriarcal que dista mucho de la realidad y diversidad que vivimos. Cuesta entender que las lesbianas no nos enrollamos para aumentar el deseo masculino, sino porque queremos. Así que, amigo hetero, la próxima vez que veas a dos mujeres besándose, déjalas en paz, no quieren hacer un trío contigo.




La censura y la hipersexualización de nuestras relaciones, entre todos estos factores de los que hemos hablado, ha hecho que durante mucho tiempo nuestra vida fuese un tabú y se rechazase. Este miedo a la discriminación se hace evidente cuando pensamos en lo que a muchas de nosotras nos ha costado o nos cuesta ser visibles en el ámbito laboral y público. No es extraño ver que hay más hombres famosos abiertamente gays que mujeres abiertamente lesbianas, no solo en España, sino en todo el mundo. Eso sin hablar de la reticencia de algunos medios de comunicación (en especial la prensa rosa) a informar sobre las parejas de mujeres, haciéndolas pasar por «buenas amigas» o describiendo con circunloquios su relación, como si las palabras «lesbiana» o «novias» estuviesen malditas. Claro que no es extraño que mujeres en el ojo público como Sandra Barneda no hayan sentido hasta hace poco la confianza suficiente para hacer pública su orientación sexual. Pero gracias a los pequeños actos de valentía de estas mujeres que dan un paso al frente y dicen «aquí estoy, soy lesbiana», el camino se allana para aquellas que aún no han encontrado ese coraje. Porque no olvidemos que, en una sociedad cisheteropatriarcal, vivir ajena a la norma es un acto de revolución.